Marlowe

La reedición de El sueño eterno es una buena ocasión para hablar de Raymond Chandler y su detective más famoso, Philip Marlowe. Desde siempre me han gustado las historias detectivescas, como las clásicas aventuras de Alfred Hitchock y los tres investigadores, y siempre me han encantado las pesquisas de Sherlock Holmes. Pero la colección de novela negra que El País editó hace unos años me descubrió un nuevo mundo de posibilidades, y el detective de Baker Street tuvo que hacer hueco en mi panteón literario a los hardboiled de Hammett o Chandler.

Tanto Raymond Chandler con Philip Marlowe como Dashiell Hammet con su Sam Spade (y el detective de la Continental) dieron forma a la figura del investigador privado. Quizá Sam Spade esté más cerca del tópico de detective privado cínico y pendenciero, siempre de vuelta de todo y con un cigarrillo en la mano. Marlowe también tiene esa memoria fotográfica, esa capacidad de descubrir hasta el más nimio detalle de la escena de un crimen, una mente rápida y una lengua afilada, pero, mientras Spade usa métodos más directos, Marlowe es más frío, más reflexivo. Son dos caras de una misma moneda.

Cualquiera de las novelas de la serie de Marlowe es recomendable, tanto la recién reeditada El sueño eterno (su primer caso), como Adiós, muñeca, El largo adiós, y unas cuantas más. Y, por supuesto, las adaptaciones cinematográficas de la edad dorada de Hollywood, con actorazos de la talla de Humphrey Bogart (que también interpretaría a Sam Spade en El Halcón Maltés) poniéndole cara, voz y gestos a Marlowe en El sueño eterno. En cualquiera de ellas podremos sumergirnos en lujosas mansiones de ambiente opresivo y malsano, descubrir los peores secretos de los que parecen poderosos y respetables o visitar los locales más sórdidos de los bajos fondos. A Marlowe siempre le proponen casos difíciles, pero siempre consigue desenredar la madeja entre los múltiples misterios que se va encontrando.

Una respuesta

  1. La verdad es que a mí también me encantan las historias detectivescas. Eso sí, he leído más a Hammett que a Chandler. “El sueño eterno”, sin embargo, es una gran deuda pendiente que tengo, pues la peli de Howard Hawks -con el grandísimo Humphrey Bogart y la bellísima Lauren Bacall- es una de mis preferidas de la década del cuarenta.

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