Robando a un bluesman

Podríamos considerar la historia del rock and roll como la historia de un montón de gente que se ha dedicado a robar a los viejos bluesmen. Detras de Elvis, revolucionando la puritana América de los años 50, están Chuck Berry, Bo Diddley o Little Richard. Podríamos hablar también de cómo Led Zeppelin saqueó unos cuantos riffs de Howlin’ Wolf o Willie Dixon.

Pero no todo se limita a esa época primigénea del rock si no que hoy en día también podemos encontrar un buen puñado de músicos que siguen sacando ideas de estos viejos guitarristas. El último caso ha sido el de The Black Keys y la portada de su último disco, bastante alabada por la blogosfera. The Black Keys hacen una música muy inspirada en el blues… ¿es posible que esta carátula también esté inspirada en el blues? Efectivamente, volvemos a encontrarnos al viejo Howlin’ Wolf.

Portada de los Black Keys

Portada de los Black Keys

The Howlin' Wolf Album

The Howlin' Wolf Album

De todas formas, no quiero decir que estos robos, plagios, inspiraciones u homenajes sean algo malo. Jimmy Page robó más de un riff, de acuerdo, pero también supo hacerlos suyos y tocarlos de una manera completamente nueva. Al fin y al cabo, todo el arte es un reciclado constante. Además, gracias a estos copiones hemos podido descubrir un montón de artistas que de otra forma, probablemente, no hubiéramos conocido nunca.

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29-S: Huelga General

Dentro de exactamente 6 días, el 29 de septiembre de 2010, se va a producir un acontecimiento histórico en nuestro país: una Huelga General con un gobierno de izquierdas. ¿Vas a asistir?

Lamentablemente hay mucha gente que con excusas varias afirma que no va a asistir a la huelga general del 29S. Desde mi punto de vista, ninguna excusa es válida para no mostrar tu desaprobación ante una reforma laboral que ha recortado los derechos de los trabajadores de manera violenta e indiscriminada. La feroz crítica que se está realizando desde los medios está generando/agravando una serie de ideas -más bien sensaciones, sentimientos arraigados- que debilitan a los trabajadores en una situación crítica para nuestros derechos.

NOTA: Aclarar en primer lugar que ni soy sindicalista, liberado sindical, representante de los trabajadores, anarquista, comunista, extremista… Me considero una persona de centro, y sobretodo, muy democrática. Dicho esto, sigamos.

Estas son algunas de las excusas que he oído a la gente de mi alrededor para no ejercer su derecho a huelga el próximo miércoles 29:

“Los sindicatos son unos vendidos/getas/sanguijuelas/vagos/ponloquesea”. Bueno, puede ser, pero no es eso lo que se está debatiendo aquí. No vamos a la huelga los fans de los sindicatos y se quedan en casa los empresarios y los que están en contra de los sindicatos. Aquí vamos a mostrar nuestro rechazo a una reforma laboral injusta, aprobada sin discusión parlamentaria y que nos afecta directamente a todos. Los sindicatos serán lo que queráis, pero son la herramienta que tenemos, así que vamos a aprovecharla. Después, si queréis, la cambiamos por otra. Lo que no tiene sentido es no comerse el filete de ternera porque el cuchillo que nos han dado es de pescado.

“Es que ir a la huelga no va a servir para nada”. Vale, pues entonces nada, a seguir con tu trabajo basura, aguanta las injusticias y tus penurias, pero ni se te ocurra quejarte. Quejarte en privado o con tus colegas sí que no vale para nada. Espero que también seas de los que no votan, no reclaman si les venden un producto estropeado ni se esfuerza por mejorar ninguna otra cosa. ¿No lo eres? Entonces manifiestate, que los gobernantes sepan que no estás de acuerdo. No ir a la huelga, no sólo no sirve para nada, si no que agrava la situación, dando a entender a quienes ostentan el poder que pueden hacer y deshacer a su antojo, sin consecuencias.

“Esta huelga se tenía que haber hecho antes, ya llevamos dos años en crisis”. Sí y no. Se podría haber hecho antes otra huelga. Una huelga que pidiera que el gobierno tomara medidas para frenar la espiral descendente en la que nos adentrábamos en 2008, pero no esta huelga. Esta huelga es ahora, como respuesta a la aprobación de una reforma laboral que supone un retroceso en nuestros derechos.

“Si voy, puede que me despidan”. Si este es el problema, entonces ya han ganado. Si la gente tiene miedo, si tú tienes miedo, de ejercer los derechos que te corresponden, ya se ha perdido esta batalla. Esta lucha, la huelga, es por toda esa gente que puede ver vulnerados sus derechos, por toda esa gente que, si resulta despedida (por un motivo u otro) tiene derecho a una indemnización digna. Si tienes miedo de que te despidan por ejercer tu derecho a huelga, entonces estás en uno de esos trabajos que esta reforma laboral defiende, en los que el empresario tiene control total sobre el trabajador; un trabajo en el que pueden despedirte sin justificación, con una indemnización lamentable. El miedo mata la mente, impide que reaccionemos y que nos expresemos; no dejes que eso te pase.

“Es que los liberados sindicales y los representantes van a la huelga y siguen cobrando”. Ya, bueno, no todos. En algunas empresas se han enviado cartas a la dirección indicando que los representantes sindicales no usarán las horas de trabajo sindical el día de la huelga; es decir, se quedarán sin cobrar ese día. En cualquier caso, remito al primer punto, no se trata de los sindicatos, si no de la reforma laboral.

“Es que si hago huelga no cobro ese día”. Cierto, si no todo sería hacer huelgas una detrás de otra, así no trabajaríamos y seguiríamos cobrando. Estaría bien. Míralo de otro modo, si en algún momento te despiden, te van a pagar alrededor de 20 días menos por año trabajado; eso es más dinero, ¿verdad? También va a ser más fácil despedirte con las nuevas “causas objetivas”, que incluyen cosas tan peregrinas como una estimación de bajos ingresos en el futuro, o que se va a subcontratar otra empresa para hacer la parte del trabajo que hacías.

“Hacer huelga no tiene sentido, porque la empresa se ahorra dinero”. ¿Cómo? Supongo que en tu trabajo realizas alguna labor o prestas algún servicio, que tiene un valor económico para la empresa. El empresario te paga una parte de ese valor, y se queda con el resto. Si no trabajas, no produces, y no se queda con su parte; pierde dinero.

Es mucho más cómodo poner una excusa y esconder la cabeza en el suelo, pero la realidad es que sin tu apoyo, sin el apoyo de todos, no se va a cambiar una situación que se está degenerando cada semana que pasa. ¿Jubilación a los 67? ¿Impuestos a nivel europeo? ¿Cambios en el cálculo de la pensión? Todo esto son globos sonda, si no hay una respuesta el día 29, si todo sigue igual, pasarán a ser reales estas y todas las demás cosas que se les ocurran a los empresarios.

El miércoles 29 de septiembre hay Huelga General. Y tú, ¿vas a asistir?

CCOO. Huelga General

Primeras imágenes del videojuego de Origen

Christopher Nolan acaba de anunciar que está pensando en desarrollar un videojuego basado en Origen (Inception), la película con la que ha arrasado en taquilla este verano. Desde este blog hemos tenido acceso en exclusiva a una imagen preliminar del modo cooperativo del juego

Inception Coop

Inception Coop

Vigilantismo: Taken

Taken

Taken

En muchas ocasiones el cine funciona como un reflejo de la sociedad. Si nos centramos en el cine producido en Hollywood podemos ver cómo además de servir de icono propagandista del gobierno de turno también muestra las debilidades del mismo. Esto se nota especialmente en tiempos de crisis. Durante la última gran crisis económica (mediados y fin de los años 70) dos géneros cinematográficos se encargaron de mostrar el fracaso del estado: el cine apocalíptico (y postapocalíptico) y las películas de vigilantes. En el primero, la imagen es obvia, el estado y la organización social tal y como la conocemos han desaparecido y la humanidad vuelve a la barbarie. En el segundo género el estado fracasa de otra forma, es incapaz de evitar el crimen y de impartir justicia, así que el vigilante ha de suplantar al estado para ejecutar su justiciera venganza.

En esta nueva época de crisis tenemos cine apocalíptico a raudales, no hay más que fijarse en la moda de los zombis. Sólo faltaban los vigilantes y recientemente he visto un par de películas que recuperan el estilo clásico del género: Taken (Venganza), dirigida por Pierre Morel e interpretada por Liam Neeson y Edge of Darkness (Al límite), dirigida por Martin Campbell y protagonizada por Mel Gibson. Las dos películas comparten muchos puntos, aparte de los patrones que se presuponen en una película de este género.

En Taken, Liam Neeson es un agente secreto retirado pero también un padre protector, aunque alejado de su hija por un divorcio. El caos se desata cuando, en un viaje a París, su hija es secuestrada por unos albaneses para convertirla en una esclava sexual. A partir de este momento la acción no se detiene ni un instante y la película no da ni un respiro al espectador. Tiroteos, explosiones, peleas y persecuciones se suceden a un ritmo implacable a medida que Liam Neeson va descubriendo (y aniquilando) a los implicados en una trama que va desde los más bajos fondos a las más altas esferas. Aquí no hay sutilezas: un pez gordo de la policía parisina le dice a Liam Neeson “no puedes ser el estado”, y este responde que él sólo quiere rescatar a su hija. Y es que el estado, además de ser incapaz de protegerla o rescatarla de sus secuestradores, también forma parte de los males de la sociedad.

Como toda película, tiene sus puntos débiles: un guión sencillote, completamente lineal, en el que cada escena Liam Neeson avanza un paso dentro de la trama, descubriendo un nuevo dato clave. Todo está preparado para que Neeson consiga sus fines. Pero ojo, que esto no tiene por qué ser necesariamente malo, si no que es una manera de que la acción no se detenga ni un momento. El interés de esta película no es ver a Liam Neeson haciendo papeleo o buscando pistas con una lupa, no. Lo importante es verlo entrar en la guarida de los maleantes y repartir estopa a diestro y siniestro en unas escenas de acción soberbias en las que se desenvuelve como un auténtico héroe de acción. No hay concesiones estéticas, nada de montajes acelerados y planos cerrados, nada de coreografías, las peleas son muy crudas y los golpes duelen de verdad.

Pierre Morel demuestra tener un soberbio sentido del ritmo, no sólo para rodar persecuciones frenéticas o peleas a cara de perro si no que también sabe tomarse su tiempo en algunas situaciones peliagudas, jugando con la tensión de la escena y Liam Neeson está enorme en su papel. Como héroe de acción, repartiendo hondonadas de hostias, hace un muy buen trabajo físico (¡con 56 años!) y resulta implacable. Pero también sabe dibujar en unas pocas palabras y gestos la faceta de padre chapado a la antigua. Como decía más arriba, no hay sutilezas en Taken, es una versión depurada del antiguo vigilantismo, del que toma sus mínimos imprescindibles y los lleva al extremo.

Todos mueren merecidamente

Tenía bastantes ganas de ver Los mercenarios pero, entre unas cosas y otras, no ha sido hasta el pasado fin de semana que pude acercarme a un cine para verla. Supongo que cualquiera que tuviera cierto interés por la película ya habrá leído miles de reseñas y opiniones para todos los gustos así que no me extenderé mucho: disfruté un montón con la peli, sobre todo con las escenas de aire más clásico y un poco menos con el sanguinariamiento que organizan al final. Stallone ha demostrado de sobra tener buena mano con la cámara pero en esa pantalla (parece un nivel de cualquier Call of Duty) la planificación es bastante confusa. Al fin y al cabo, nos prometía una película de acción puramente ochentera y esas veleidades del moderno cine de acción (planos cerrados, montaje frenético, perspectivas extrañas) desmerecen el buen hacer de otras escenas mejor rodadas. Nos prometieron cine de acción pero al final nos la escamotean. Y es una pena que con ese plantel de mostrencos y malas bestias Jet Li y Jason Statham estén desaprovechados. Sobre todo este último, el claro heredero de los héroes de acción de los años ochenta.

Tras este pequeño comentario, lo importante, este temazo de La trinca sobre el cine de acción ochentero: Masacre y aniquilación.

Bricomanía

Jack White es un tipo inquieto, un músico que no puede parar ni un momento. No hay más que echar un vistazo a su carrera. En el documental It Might Get Loud Jack White no sólo habla de su pasión por la música si no también de su afición por cacharrear con distintos instrumentos y nos deja este tutorial que haría palidecer de envidia a Kristian Pielhoff, nuestro manitas de la tele.

La parada de los monstruos

De vez en cuando, gracias a su buzón de sugerencias, la Filmoteca sorprende con reposiciones locas que nos dan la oportunidad de ver (por primera o enésima vez) grandes clásicos del cine en una pantalla grande. Una de las sugerencias más sorprendentes de este mes ha sido La parada de los monstruos (Freaks), de Tod Browning, proyectada ayer por la noche.

Póster de la película

Póster de la película

Esta película cuenta una historia ambientada en un circo que, además de los clásicos números de payasos, animales y forzudos tiene una atracción especial, una colección de freaks, de seres monstruosos y deformes: enanos, una mujer barbuda o pinheads. Los miembros de la exhibición de atrocidades (como podría llamarla Ballard) son rechazados por la sociedad y exhibidos para horrorizar o divertir a la gente, digamos, normal. Convertidos en unos parias sus deformidades los une con mas fuerza que los lazos de sangre y los convierte en una familia. Juntos comparten sus alegrías y sus dolores y juntos se defienden cuando alguien ataca a uno de ellos.

Cleopatra, la hermosa trapecista del circo, descubre que Hans, uno de los enanos, parece estar enamorado de ella, así que decide empezar un juego con él, siguiéndole la corriente para conseguir dinero y regalos con los que se da la gran vida junto a su amante, el forzudo Hércules. El pobre Hans no se da cuenta de que se está convirtiendo en el hazmerreir del resto de trabajadores del circo. Sólo sus compañeros de la exhibición de monstruos se compadecen de él por ser víctima de una broma cruel. Pero la broma acaba por llegar demasiado lejos cuando Cleopatra, al descubrir que Hans es heredero de una gran fortuna, decide casarse con él y, compinchada con Hércules, envenenarlo. En el banquete de bodas la gran familia de freaks improvisa una ceremonia para aceptar a Cleopatra como una de ellos pero ella los ridiculiza e insulta. Esta humillación colma la paciencia de los freaks, que deciden salvar a Hans y vengarse de Cleopatra y Hércules.

Esta película, estrenada en 1932, presenta una paradoja. Por un lado es una película tremendamente actual que refleja nuestra cultura de vigorexia y cirugía plástica, en la que aquellos que no alcancen determinado ideal estético son convertidos en personas de segunda categoría. Freaks es una reivindicación de los extraños y los deformes, a los que Browning caracteriza con mucha más humanidad que a la guapísima Cleopatra y al musculoso Hércules. Nos hace sentir simpatía por ellos, pero también respeto. Al fin y al cabo, el mismo Tod Browning trabajó en un circo y compartió parte de su vida con ellos.

Por otro lado, es una película que no podría hacerse hoy en día. En su estreno causó bastante polémica, los espectadores estaban horrorizados por los personajes que aparecían en la película que, hay que recordarlo, no son disfraces ni efectos especiales, si no gente real. Aunque hoy sea considerada una película de culto Freaks prácticamente acabó con la carrera de Browning. Pero no es difícil imaginar que ocurriría si esta película fuese estrenada hoy en día en una sociedad tan políticamente correcta como la nuestra. Quizá por eso Freaks ahora sea más subversiva que en 1932. Entonces los espectadores se sentían horrorizados por las deformidades de los personajes. Hoy, a pesar de la correción política, ese horror por el diferente sigue estando ahí, pero es inexpresable, lo que provoca una doble incomodidad en el espectador, una provocada por ver esas criaturas deformes y otra por la sensación de culpabilidad impuesta por la correción política. Por eso lo anormal ha sido desterrado de la vista.