Vigilantismo: Taken

Taken

Taken

En muchas ocasiones el cine funciona como un reflejo de la sociedad. Si nos centramos en el cine producido en Hollywood podemos ver cómo además de servir de icono propagandista del gobierno de turno también muestra las debilidades del mismo. Esto se nota especialmente en tiempos de crisis. Durante la última gran crisis económica (mediados y fin de los años 70) dos géneros cinematográficos se encargaron de mostrar el fracaso del estado: el cine apocalíptico (y postapocalíptico) y las películas de vigilantes. En el primero, la imagen es obvia, el estado y la organización social tal y como la conocemos han desaparecido y la humanidad vuelve a la barbarie. En el segundo género el estado fracasa de otra forma, es incapaz de evitar el crimen y de impartir justicia, así que el vigilante ha de suplantar al estado para ejecutar su justiciera venganza.

En esta nueva época de crisis tenemos cine apocalíptico a raudales, no hay más que fijarse en la moda de los zombis. Sólo faltaban los vigilantes y recientemente he visto un par de películas que recuperan el estilo clásico del género: Taken (Venganza), dirigida por Pierre Morel e interpretada por Liam Neeson y Edge of Darkness (Al límite), dirigida por Martin Campbell y protagonizada por Mel Gibson. Las dos películas comparten muchos puntos, aparte de los patrones que se presuponen en una película de este género.

En Taken, Liam Neeson es un agente secreto retirado pero también un padre protector, aunque alejado de su hija por un divorcio. El caos se desata cuando, en un viaje a París, su hija es secuestrada por unos albaneses para convertirla en una esclava sexual. A partir de este momento la acción no se detiene ni un instante y la película no da ni un respiro al espectador. Tiroteos, explosiones, peleas y persecuciones se suceden a un ritmo implacable a medida que Liam Neeson va descubriendo (y aniquilando) a los implicados en una trama que va desde los más bajos fondos a las más altas esferas. Aquí no hay sutilezas: un pez gordo de la policía parisina le dice a Liam Neeson “no puedes ser el estado”, y este responde que él sólo quiere rescatar a su hija. Y es que el estado, además de ser incapaz de protegerla o rescatarla de sus secuestradores, también forma parte de los males de la sociedad.

Como toda película, tiene sus puntos débiles: un guión sencillote, completamente lineal, en el que cada escena Liam Neeson avanza un paso dentro de la trama, descubriendo un nuevo dato clave. Todo está preparado para que Neeson consiga sus fines. Pero ojo, que esto no tiene por qué ser necesariamente malo, si no que es una manera de que la acción no se detenga ni un momento. El interés de esta película no es ver a Liam Neeson haciendo papeleo o buscando pistas con una lupa, no. Lo importante es verlo entrar en la guarida de los maleantes y repartir estopa a diestro y siniestro en unas escenas de acción soberbias en las que se desenvuelve como un auténtico héroe de acción. No hay concesiones estéticas, nada de montajes acelerados y planos cerrados, nada de coreografías, las peleas son muy crudas y los golpes duelen de verdad.

Pierre Morel demuestra tener un soberbio sentido del ritmo, no sólo para rodar persecuciones frenéticas o peleas a cara de perro si no que también sabe tomarse su tiempo en algunas situaciones peliagudas, jugando con la tensión de la escena y Liam Neeson está enorme en su papel. Como héroe de acción, repartiendo hondonadas de hostias, hace un muy buen trabajo físico (¡con 56 años!) y resulta implacable. Pero también sabe dibujar en unas pocas palabras y gestos la faceta de padre chapado a la antigua. Como decía más arriba, no hay sutilezas en Taken, es una versión depurada del antiguo vigilantismo, del que toma sus mínimos imprescindibles y los lleva al extremo.

3 comentarios

  1. […] sus impulsos más bajos de forma controlada. La larga marcha fue escrita en una épco en la que los vigilantes campaban a sus anchas por las pantallas de cine, canalizando las frustraciones de una sociedad […]

  2. […] película de 1972 está protagonizada por Charles Bronson, que se aleja de su icónico papel de vigilante. Eso sí, sigue siendo un tipo duro, un asesino a sueldo muy particular, lo que la mafia conoce […]

  3. […] señalar como esta entrada enlaza con otra que, a primera vista, no tiene mucho que ver; “Vigilantismo: Taken“. Pero, en el fondo, las dos parten de un origen común, los ecos de la ficción de los años […]

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