La larga marcha, de Stephen King

Stephen King

Stephen King

A finales de los años setenta Stephen King ya estaba en lo más alto de las listas de ventas. En 1977 publicó El resplandor que, tras Carrie y El misterio de Salem’s Lot, le confirmó como el mayor escritor de terror del momento. Entonces estaba en una etapa especialmente creativa, quizá espoleado por su desmedida afición por el alcohol y la cocaína. King escribía sin parar pero su editor tenía muy claro que no iba a lanzar más de un libro suyo al año, para no saturar el mercado (ni a sus lectores). King no parecía dispuesto a bajar su ritmo de escritura, así que se sacó de la manga un seudónimo, Richard Bachman, con el que publicó cinco novelas hasta ser desenmascarado en 1985.

Richard Bachman

Richard Bachman

La larga marcha, segunda novela de Bachman, es una novela sobre un espectáculo cruel, la Marcha que da título al libro. En unos  distópicos Estados Unidos, que se han convertido en una dictadura, se organiza esta competición que se ha convertido en el mayor espectáculo del año, seguido en directo por millones de espectadores y miles y miles de espectadores que se agolpan en los arcenas de las carreteras. En ella cien chavales tienen que andar sin descanso, vigilados por unos soldados que se aseguran que no bajan el ritmo por debajo de los 6,5 kilómetros por hora. Cada vez que bajan de esta velocidad reciben un aviso y tras el tercer aviso son ejecutados en el acto. La Marcha no termina hasta que sólo uno de ellos queda en pie. ¿El premio de este macabro concurso? Al único superviviente se le concederá cualquier cosa que pida.

King (o Bachman) usó estas novelas para probar nuevos géneros, como la ciencia ficción, y hacer experimentos formales. La larga marcha es un libro bastante más corto de lo habitual en Stephen King. Si las novelas de King son conocidas por su manera de describir al detalle el contexto en el que se mueven sus personajes, construyendo poco a poco los pueblos en los que habitan y llenándolos de vida, en La larga marcha apuesta por el minimalismo, y sólo vemos el mundo a través de los ojos de Garraty, uno de los marchadores. Sin embargo, consigue crear una realidad de la que apenas vemos un pequeño fragmento pero podemos intuir su complejidad, apuesta por sugerir más que por mostrar. Lo único que vemos de este mundo es la carretera por la que avanzan los marchadores y los únicos personajes que aparecen son un puñado de ellos. Los demás marchadores, los soldados que ejecutan a los rezagados y los espectadores no son más que manchas.

La larga marcha

La larga marcha

King elimina todos los elementos superficiales y se dedica a aquello que mejor ha sabido hacer siempre, crear personajes y hacer que nos sumerjamos en sus pensamientos y su forma de ver el mundo. Seguimos la Marcha a través de Garraty, como testigos privilegiados de la sórdida carrera, sin escatimar en detalles, con descripciones muy gráficas, como las que pediría cualquiera de los espectadores de la Marcha. Avanzamos con ellos, vemos cómo el optimismo inconsciente de todos ellos se va trasformando en desesperación a medida que van cayendo, uno a uno y sentimos el cansancio que se acumula, kilómetro a kilómetro, adaptando el ritmo de la narración al de los marchadores. Pronto el ritmo vivo y lleno de energía y optimismo de los primeros kilómetros se va convirtiendo en una marcha agónica en la que sentimos el tremendo cansancio de Garraty en cada paso.

En esta novela King reflexiona sobre la vieja política del circo y el pan y la fascinación del público por la violencia. Las muertes de los marchadores sirven como catarsis para un país bajo un régimen férreo y una manera de ver satisfechos sus impulsos más bajos de forma controlada. La larga marcha fue escrita en una épco en la que los vigilantes campaban a sus anchas por las pantallas de cine, canalizando las frustraciones de una sociedad inmersa en una de las peores crisis del siglo, con una economía hundida y tasas de criminalidad altísimas, pero hoy sigue estando de plena actualidad, en una nueva época de crisis económica y social en la que la gente vuelca sus frustraciones a través de Gran Hermano y otros realities.

3 comentarios

  1. […] En alguna ocasión, “El maestro del terror” declaró no recordar que había escrito a finales de la década de los 70 y gran parte de los 80.  Grandes obras como “El resplandor” o “Carrie” fueron escritas mientras se encontraba bajo el efecto de la cocaína. […]

  2. […] En alguna ocasión, “El maestro del terror” declaró no recordar que había escrito a finales de la década de los 70 y gran parte de los 80.  Grandes obras como “El resplandor” o “Carrie” fueron escritas mientras se encontraba bajo el efecto de la cocaína. […]

  3. […] En alguna ocasión, “El maestro del terror” declaró no recordar que había escrito a finales de la década de los 70 y gran parte de los 80.  Grandes obras como “El resplandor” o “Carrie” fueron escritas mientras se encontraba bajo el efecto de la cocaína. […]

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