Buried

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Tengo que reconocer que sentía mucha curiosidad por ver cómo Rodrigo Cortés se las había ingeniado para rodar toda una película dentro de un ataúd. Pero, a pesar de ello, también intenté no saber demasiado sobre la película para entrar en el cine sin expectativas engañosas ni prejuicios, algo que es cada vez más difícil.

La premisa de Buried es muy complicada ya que deja al director con unos recursos mínimos para contar una historia, nada más que una caja, un teléfono móvil y Ryan Reynolds, que se enfrenta a un papel increíblemente exigente, ya que carga con todo el peso de la película sobre sus hombros, dentro de una caja que apenas le permite moverse.

Cortés nos mete en la historia desde el primer momento, usando uno de los miedos más básicos, el entierro en vida, un clásico de la literatura de terror desde el magistral El entierro prematuro de Poe. Para ello juega no sólo con la luz si no también con la oscuridad, para meternos en la piel de Paul Conroy, el protagonista, y hacernos sentir su angustia en una sala de cine completamente negra. Empezamos a oscuras y en cuanto se hace la luz comienza una cuenta atrás implacable en la que el terror de ser enterrado vivo se mezcla con el suspense, mientras Paul Conroy intenta desesperadamente salir de la caja.

Cortés ha señalado a Hitchcock como uno de sus principales referentes y es cierto que en Buried ha sabido usar algunos de sus mejores recursos para mantener al espectador en tensión durante toda la película sin salir en ningún momento de la caja. Aquí podemos encontrar ecos de películas como Naúfragos, con un escenario mínimo o  Breakdown, uno de los episodios de Alfred Hitchcock presents en el que un hombre está a punto de ser enterrado vivo.

Las virtudes de Buried no está sólo en el guión de Chris Sparling, si no también en el efectivo ejercicio de estilo de Cortés que sabe dónde colocar la cámara en un espacio tan reducido y usar distintos tonos de luz y profundidad de campo como herramientas narrativas de primer orden.

También resulta interesante como reflejo de la actualidad: Paul Conroy es un caso marginal en la guerra de Irak, lejos de la atención del público, aunque el vídeo de rescate que graba desde su ataúd se convierte en uno de los más vistos en Youtube, pero eso no le sirve de mucho bajo tierra. Y la terrible conversación de Conroy con uno de los jefazos de su empresa es uno de los mejores retratos sobre el mundo laboral que se han hecho en muchos años.


Por último, destacar los títulos de crédito, nada sutil homenaje a Saul Bass y los títulos que creó para Con la muerte en los talones, o el cartel que acompaña esta entrada, claramente inspirado en el de Vértigo (de nuevo Hitchcock).

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