A la cara

A la cara

A la cara

Hace unos días reseñaba por aquí Acero, uno de los primeros libros publicados por Es Pop Narrativa, y comentaba que cuando llegué a la librería, sin saber muy bien por qué, acabé por llevarme la novela de vampiros, a pesar de ser un gran fan de la novela negra. Sin embargo, una vez publicada la reseña anterior, apenas tardé unas horas en coger A la cara de la estantería en la que lo había dejado, y me lo acabé en dos o tres viajes (largos) en el metro.

La novela negra vivió su mayor esplendor en plena gran depresión, la era dorada de las revistas pulp, pobladas por los hardboiled, los tipos duros de Hammett o Spillane. Y ahora que volvemos a vivir tiempos de crisis, en A la cara nos encontramos algo muy parecido. Angel Dare es una antigua estrella del porno que un buen día, sin saber muy bien qué es lo que le ha pasado, acaba medio muerta en el maletero de un coche.

A partir de ahí se embarca en una cruda historia de venganza, en la que tendrá moverse entre mafiosos sin escrúpulos y sórdidas redes de prostitución. Acompañada de un espartano guardaespaldas de pocas palabras, que bien podría haber sido compañero de detectives como Sam Spade, Angel se dedica a remover los fondos más bajos de la sociedad. Christa Faust usa los recursos típicos del género (literario), sí, pero también sabe trasladarlos a la actualidad, y narrarlos desde un punto de vista femenino, algo muy poco habitual en el género negro, y consigue equilibrar lo familiar con lo novedoso.

Si en Acero Todd Grimson conseguía que no te dieras cuenta de cómo poco a poco iba avanzando su historia, Christa Faust consigue todo lo contrario, que no puedas dejar de pasar páginas, deseando poder leer más rápido aún para poder seguir el ritmo frenético de los acontecimientos. En el fondo, si en una época como la gran depresión triunfaban historias similares a esta, en la nuestra, mientras los ejecutivos de Lehman Brothers se regodean en su crapulencia, nosotros sólo podemos encontrar justicia en las páginas de libros como estos.


Si os ha picado la curiosidad, podeis leer el primer capítulo aquí.

John Connolly

Los hombres de la guadaña

Los hombres de la guadaña

John Connolly es un autor que no me canso de recomendar. Hace ya unos cuantos años descubrí gracias un foro su primera novela, y fue todo un flechazo. En Todo lo que muere conocíamos al ex-policía Charlie Bird Parker y seguíamos sus andanzas por los rincones más sórdidos y malsanos del sur profundo de los Estados Unidos. Connolly supo coger lo mejor de la novela negra y aderezarlo con unos inquietantes toques sobrenaturales, donde la línea que separa lo espiritual de lo fantasmal es fina, tan fina que en ocasiones desaparece. Además del ya mencionado Parker, Connolly crea un montón de personajes de lo más variopinto, todos ellos con una larga historia detrás.

Este verano, tras un retraso considerable respecto a su publicación en Estados Unidos y el Reino Unido (mayo de 2008), los seguidores de estes irlandés pueden hacerse con la séptima entrega de la serie de Charlie Parker, titulada en nuestro país Los hombres de la guadaña, y comprobar, tras el pinchazo de la quinta entrega y la reconciliación con lo mejor del autor que supuso la sexta a cuál de las dos se parece más. Yo, desde luego, soy optimista, y después de leer la sinopsis me han entrado muchas ganas de ir a comprarlo. Para los que no conocieran a Connolly, si son fans de la novela negra o de la literatura de terror bien entendida, seguro que quedan gratamente sorprendidos.


Enlaces: Tusquets Editores | Autobombo: tres artículos sobre Connolly en mi otro blog:  Auge, caída y recuperación.

Marlowe

La reedición de El sueño eterno es una buena ocasión para hablar de Raymond Chandler y su detective más famoso, Philip Marlowe. Desde siempre me han gustado las historias detectivescas, como las clásicas aventuras de Alfred Hitchock y los tres investigadores, y siempre me han encantado las pesquisas de Sherlock Holmes. Pero la colección de novela negra que El País editó hace unos años me descubrió un nuevo mundo de posibilidades, y el detective de Baker Street tuvo que hacer hueco en mi panteón literario a los hardboiled de Hammett o Chandler.

Tanto Raymond Chandler con Philip Marlowe como Dashiell Hammet con su Sam Spade (y el detective de la Continental) dieron forma a la figura del investigador privado. Quizá Sam Spade esté más cerca del tópico de detective privado cínico y pendenciero, siempre de vuelta de todo y con un cigarrillo en la mano. Marlowe también tiene esa memoria fotográfica, esa capacidad de descubrir hasta el más nimio detalle de la escena de un crimen, una mente rápida y una lengua afilada, pero, mientras Spade usa métodos más directos, Marlowe es más frío, más reflexivo. Son dos caras de una misma moneda.

Cualquiera de las novelas de la serie de Marlowe es recomendable, tanto la recién reeditada El sueño eterno (su primer caso), como Adiós, muñeca, El largo adiós, y unas cuantas más. Y, por supuesto, las adaptaciones cinematográficas de la edad dorada de Hollywood, con actorazos de la talla de Humphrey Bogart (que también interpretaría a Sam Spade en El Halcón Maltés) poniéndole cara, voz y gestos a Marlowe en El sueño eterno. En cualquiera de ellas podremos sumergirnos en lujosas mansiones de ambiente opresivo y malsano, descubrir los peores secretos de los que parecen poderosos y respetables o visitar los locales más sórdidos de los bajos fondos. A Marlowe siempre le proponen casos difíciles, pero siempre consigue desenredar la madeja entre los múltiples misterios que se va encontrando.