Dio

Dio

Dio

Últimamente no ganamos para disgustos. Si la semana pasada la muerte de Frazetta dejaba jodidos a buena parte de los aficionados a la espada y brujería, anoche llegaba a nuestros oídos la noticia sobre la muerte de Dio.

Desde hace tiempo sabíamos que el pobre hombre estaba realmente jodido, pero en estos casos nunca se pierde la esperanza de que al final se recuperara y volviera a darlo todo sobre los escenarios con Heaven and Hell. Noticias como estas te pillan siempre con la guardia baja, y es que Dio siempre había estado ahí, desde aquella gastadísima cinta con el Holy Diver grabado con la que descubrí el heavy metal.

Dio era todo un personaje, una parte de la historia del heavy metal: Rainbow, Black Sabbath y, por supuesto, su propia banda. Pero, a pesar de ser uno de los más grandes, nunca tuvo aires de diva. No hay más que echar un vistazo a su entrevista en A Headbanger’s Journey y cómo se toma a cachondeo todo el tema sobre quién empezó a hacer el gesto de los cuernos. Este tipo pequeñajo prefería tomárselo todo con buen humor y humildad, frente al enorme ego de personajes como Ritchie Blackmore o Gene Simmons.

Aquí van unos enlaces a algunos de sus discos: Dio – Holy Diver | Black Sabbath – Mob Rules | Rainbow – Long Live Rock and Roll | \mm/

Frazetta

Conan, según Frazetta

Conan, según Frazetta

Frank Frazetta ha muerto hoy. El creador de la imagen arquetípica de Conan y otros tantos bárbaros que poblaron las publicaciones de fantasía a durante los años 70 y 80. Infinitas portadas de tebeos, libros, siendo suyas la mayoría de las portadas más emblemáticas de las novelas de Conan, e incluso discos, como las de Molly Hatchet, el Hard Attack de Dust o la portada del primer disco de Wolfmother. Incluso se animó a colaborar con Ralph Bakshi (el creador de la primera película de El Señor de los Anillos) para su película Tygra.

Nos queda su obra, sus mundos oscuros y violentos, llenos de bestias y monstruos, bárbaros hacha en mano y voluptuosas mujeres ligeras de ropa.

Naschy

Hoy, al llegar a casa y comprobar el estado de la blogosfera, me he enterado de la muerte de Paul Naschy. He de reconocer que nunca he sido un gran apasionado de sus películas, aunque he disfrutado con casi todas las que he visto, por una razón muy sencilla, y es que hacía películas supliendo con ganas e ilusión la falta de medios. Era un hombre que disfrutaba con lo que hacía, aunque tuviera que irse fuera de España para poder seguir haciendo sus películas, y gente así es cada vez más escasa en el mundo del cine. Al menos, nos quedan sus películas y las de aquellos que siguieron su ejemplo.

La marca del hombre lobo

La marca del hombre lobo

Boris Vian (II)

Escritor, poeta, ingeniero, músico, inventor… Boris Vian resucitó el concepto de hombre del renacimiento. Una mente excepcional, curiosa, inquieta, que una mañana de un día como hoy, el 23 de junio de 1959, se apagó mientras veía la adaptación cinematográfica de una de las obras que le hizo famoso, Escupiré sobre vuestra tumba. Había discutido con los productores, e incluso quería que quitaran su nombre de los créditos. Al parecer, su corazón no pudo soportar la película.

Precisamente lo descubrí con ese libro, uno de los más duros de aquella colección de novela negra que se vendía con El País. Y, después de leer algo tan crudo, cínico, visceral, pude hacerme con La espuma de los días, una historia preciosa, onírica, capaz de hacerte mirar el mundo como si fuera un lugar maravilloso, y también de dejarte destrozado. Sin embargo, lo más importante de Boris Vian no son sus libros, ni su música, si no las ganas con las que vivió su vida.

Termino con una de sus canciones más famosas: Le deserteur. Si más o menos entendeis francés se sigue bastante bien la letra. Si no, os la pongo un poco más abajo. Un himno anti bélico, anti militarista, diciendo lo que todo el mundo debería decir:  no vayais a la guerra. Que vayan los que dicen que hay que sacrificarse por la patria.


Monsieur le Président / Je vous fais une lettre / Que vous lirez peut-être / Si vous avez le temps
Je viens de recevoir / Mes papiers militaires / Pour partir à la guerre / Avant mercredi soir
Monsieur le Président / Je ne veux pas la faire / Je ne suis pas sur terre / Pour tuer des pauvres gens
C’est pas pour vous fâcher / Il faut que je vous dise / Ma décision est prise / Je m’en vais déserter

Depuis que je suis né / J’ai vu mourir mon père / J’ai vu partir mes frères / Et pleurer mes enfants
Ma mère a tant souffert / Elle est dedans sa tombe / Et se moque des bombes / Et se moque des vers
Quand j’étais prisonnier /On m’a volé ma femme / On m’a volé mon âme /Et tout mon cher passé
Demain de bon matin / Je fermerai ma porte / Au nez des années mortes / J’irai sur les chemins

Je mendierai ma vie / Sur les routes de France / De Bretagne en Provence / Et je dirai aux gens:
Refusez d’obéir / Refusez de la faire / N’allez pas à la guerre / Refusez de partir
S’il faut donner son sang / Allez donner le vôtre / Vous êtes bon apôtre / Monsieur le Président
Si vous me poursuivez / Prévenez vos gendarmes / Que je n’aurai pas d’armes / Et qu’ils pourront tirer

Malas noticias

David Eddings

David Eddings

Hoy ha sido un día de malas noticias. Por la mañana, la de la muerte de David Eddings, un famoso escritor de literatura fantástica. Entre sus obras están sagas como Las crónicas de Belgarath, Las crónicas de Mallorea o las trilogía de Elenium. Nunca estuvo entre los autores muy populares, pero es recordado con especial cariño por aquellos que han leído alguno de sus libros, con esos personajes tan carismáticos y el humor que había en sus páginas.

Y por si esto no fuera poco, esta tarde nos llegaba la noticia de la muerte de David Carradine.

David Carradine

David Carradine

Los más mayores lo recordarán de la serie Kung-Fu, los jóvenes lo recordaremos siempre como el Bill que tenía que morir en Kill Bill. Es curioso que un hombre que haya participado en tantas películas (como en La carrera de la muerte del año 2000, que el año pasado vió estrenada su actualizacion llamada Death Race) sea recordado por dos papeles. En cualquier caso, siempre nos quedarán las novelas de Eddings y las películas de Carradine para poder recordarlos.