Valentina Tereshkova

A principios de los años sesenta la Unión Soviética le sacaba varios cuerpos de ventaja a los Estados Unidos en la carrera espacial. Primero fue el satélite Sputnik 1, después, la perrita Laika en el Sputnik 2, y finalmente, la hazaña que asombró a todo el mundo: el 12 de abril del 1961 Yuri Gagarin se convirtió el primer hombre en abandonar nuestro planeta, y luego volver.

Valentina Tereshkova

Valentina Tereshkova

Tras esto, se propusieron una nueva misión: poner también a la primera mujer en el espacio. La elegida fue una aficionada al paracaidismo llamada Valentina Tereshkova, que el 16 de junio de 1963 despegó de la base soviética de Baikonur en la nave Vostok 6. He recalcado el detalle de aficionada al paracaidismo ya que, a diferencia de casi todos los pioneros de la carrera espacial, Valentina era civil, y de hecho también fue la primera persona civil en el espacio ¡dos records en uno! Con esto, la Unión Soviética conseguía una importante victoria propagandística, y es que Valentina era una ferviente comunista, proveniente del proletariado y no de las élites militares.

Durante los tres días que permaneció en órbita dio 48 vueltas a la Tierra, y su vuelo no estuvo totalmente libre de problemas, ya que en su reentrada estuvo a punto de caer en mitad de un lago, lo que hubiera sido mortal ya que al comienzo de la carrera espacial, los cosmonautas saltaban desde la cápsula de reentrada y descendían los últimos metros en paracaídas.

Las fábricas rojas tienen patas

Durante la Segunda Guerra Mundial la economía soviética obró un verdadero milagro, sólo comparable al de los EEUU. La economía de guerra alemana respondió excepcionalmente bien, pero no se encontraba en un estado previo tan precario como las anteriores.

Desde 1929, la economía soviética se sustentaba en mano de obra esclava y en la férrea disciplina con que Stalin aplicaba los planes estatales/quinquenales. Asimismo, la industria soviética fue militarizada en 1938 a raiz de la creación de una Comisión Militar-Industrial, y los productos estratégicos se acumulaban desde entonces. No obstante, los planes de militarización soviéticos estaban muy lejos de estar preparados cuando dio comienzo la operación Barbaroja. Recordemos que la Wehrmacht atacó -con intención- en primera instancia regiones del noroeste y Ucrania. Y el plan alemán contemplaba estas zonas no por casualidad, sino porque además de permitir llevar a cabo la famosa Blitzkrieg, Ucrania y el noroeste ruso contenía el 60% de las industrias de armamento soviéticas.

¿Cual fue la medida rusa ante esta situación? Ordenar una evacuación en masa. ¿De civiles, mujeres y niños? No, camarada, una evacuación de factorías enteras, que junto a los trabajadores y los productos fueron cargados en trenes y trasladados al este. Alrededor de 450 convoyes de trenes movilizaron 197 fábricas y más de 350.000 trabajadores únicamente desde la ciudad de Kiev. Como destino se eligieron zonas de la retaguardia rusa, lejos de las líneas alemanas, como los centros metalúrgicos de los Urales (Magnitogorsk) o zonas de Siberia occidental. Esta estrategia recuerda a la conocida retirada a las profundidades del país y el incendio de los recursos abandonados a su paso que tan bien ha funcionado a los rusos en varias ocasiones.

Gran cantidad de maquinaria desmantelada cayó en manos de los nazis, por supuesto, y parte se perdió por el camino, pero suficiente material llegó a destino para considerar un éxito el traslado. Sirva de ejemplo el de una fábrica de tractores trasladada más de 2.400 km en agosto, y que pasó a producir tanques T-34, entregando su primera remesa en diciembre de ese mismo año.

1941 1942 1943 1944 1945
Aviones 15735 25436 34845 40246 20102
Tanques 6590 24446 24089 28963 15419
Artilleria 67800 356900 199500 129500 64600

Como se puede ver, esta operación permitió a la economía bélica soviética cumplir con las espectativas, y eso sin tener en cuenta el armamento que entraba en el país gracias a la Ley de Préstamo y Arriendo. Tan elevada producción permitió, pese a las exorbitadas pérdidas, que el ejército soviético tuviera excedentes de margen (fabricados+importados-pérdidas) de 8290 (aviones), 11993 (tanques) y 98790 (piezas de artillería).

Resumiendo, trasladar cientos de fábricas de una punta a otra del país fue uno de los motivos por los que la economía soviética soportó las exigencias de la guerra; como dice el título, las fábricas soviéticas tienen patas.

Fuente: Europa en Guerra (1939-1945). Norman Davies

Lenin, Stalin y San Petersburgo

lenin-rev-octubre

Lenin en la revolución de octubre

Ayer, día 21 de enero de 2010 fue el aniversario del fallecimiento de Lenin, primer presidente del soviet de comisarios del pueblo. A tenor de este dato, he decidido añadir una entrada para resaltar algo obvio, y es que la mayoría no sabemos nada sobre el idioma ruso. De este modo, la mayor parte de la gente asume que Lenin era el nombre o apellido del líder soviético, así como Stalin también era el nombre del secretario general del comité central del partido comunista de la unión soviética.

¿Y por qué piensa esto la gente? Pues en parte por falta de curiosidad histórica y en parte porque, como ya he comentado, la mayoría no sabemos nada de ruso. En realidad, ambos son sobrenombres o apodos que se les otorgaron por diversos motivos. Así, Lenin significa “el que pertenece al [río] Lena”. Curioso nombre para alguien que nació en la región del Volga, a varios miles de kilómetros del Lena, ¿verdad? Del mismo modo, Stalin significa “hombre de acero” o “hecho de acero”, uno de los tantos alias que utilizó este sangriento dictador comunista.

Los nombres reales de estos personajes son Vladímir Ilich Uliánov y Iósif Visariónovich Dzhugashvili. Mucho menos comerciales, oiga.

¿Y San Petersburgo? Bien, San Petersburgo fue fundada por el zar Pedro el Grande en 1703 (las historias de su construcción se podrían comentar en otra entrada). Actualmente es la segunda ciudad más importante de Rusia, y la que más veces ha cambiado de nombre en la historia. Tras el nombre original, de origen germano, pasó a llamarse Petrogrado a raíz del conflicto germano soviético de 1914. Posteriormente, en 1921 obtuvo el nombre de Leningrado en honor al presidente del soviet. Este nombre perduró hasta 1991, momento en el que se convocó un plebiscito para determinar el nombre definitivo de la ciudad. Los habitantes de la urbe votaron entre varios nombres, y finalmente salió elegido San Petersburgo, demostrando que, al final, las aguas vuelven siempre a su cauce.